Filitosa, la larga memoria de Córcega

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Estamos en 1946. Charles-Antoine Cesari hizo un descubrimiento muy extraño mientras navegaba por su tierra: descubrió allí varias estatuas-menhires.

Unos años más tarde, a partir de 1954, se realizaron excavaciones sistemáticas en este nuevo yacimiento arqueológico y se sacaron a la luz varias otras estatuas rotas o reutilizadas en una "torre" en torno a la cual se había construido un poblado fortificado.

Fue en el Neolítico… Y Filitosa, ya que este es el sitio, ha sido desde entonces un sorprendente atajo a la prehistoria de Córcega…



Por lo tanto, estamos alrededor del año 3.000 aC El hombre ha estado viviendo en la Isla de la Belleza desde los albores del Neolítico, pero fue solo en este momento cuando surgió una nueva creencia.

Esta civilización megalítica dejará muchas huellas de arquitectura monumental en el sur de Córcega.

Los primeros megalitos son esculturas gigantes, bastante toscas, en forma de cofre.

Poco a poco, sin embargo, el megalito comienza a tomar forma y figura humana para finalmente convertirse en una estatua antropomórfica.

A veces incluso más realista que las estatuas descubiertas en el continente.

En el agreste y atemporal paisaje de Filitosa, los restos de un gran monumento torreano se codean con canchales rocosos invadidos poco a poco por una vegetación perenne y varias estatuas-menhires notables.

La denominada –de un modo poco poético, es cierto– “Filitosa IV” es considerada hoy como la expresión más lograda de la estatuaria neolítica.

También se cree que representa a una guerrera aborigen; añadiendo a la reputación de los corsos rápidos para defender su isla y su propiedad contra todos los invasores extranjeros...

Pies de ilustración


1: Las estatuas de menhires más bellas de Córcega se concentran en Filitosa, en el sur de la isla


2: Trabajada artísticamente, es innegable que esta estatua-menhir ha tomado forma humana

3: Filitosa: unos pedregales, una naturaleza invasora y estatuas-menhires que se alzan en un paisaje como fuera del tiempo

Texto: Philippe CHAVANNE – Fotos: Alice DELVAILLE

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